25 años de música y hermandad: La noche en que Ursus y Cobra fueron una sola familia

Lively concert scene with excited crowd and performer in a transparent ball at night.

Por Lu

La escena del metal en Bogotá es un organismo de contrastes, tan impredecible como el gris del cielo capitalino. Entre la marea de bandas que producen música en la capital y la gran cantidad de eventos que, por razones del destino, tuvieron lugar este fin de semana, nos encontramos ante un desafío de eventos simultáneos y de conciertos importantes que tuvieron lugar durante la misma noche. Hoy quiero rescatar una cita íntima que nos devolvió a la esencia de los conciertos de hace varias décadas, a esa hermandad de la escena. Hablo del encuentro de Ursus y Cobra, escoltados por Eclipse y Language of the Mad, en el corazón del centro de la ciudad, en Raven (donde Michael, alma innegable de la energía del lugar). La noche del 22 de febrero, bajo una lluvia persistente y el frío incesante de Bogotá, el recinto se fundió en una sola fuerza eléctrica, la de una familia que lleva décadas construyéndose a pulso.

El cartel prometía potencia técnica y variedad musical. Eclipse abrió con una propuesta de Heavy Metal consolidada en donde se hace notoria la experiencia de sus músicos, gestores incansables del movimiento, quienes calentaron motores con precisión técnica y furia que dejó en alto el inicio de esta noche. Les siguió Language of the Mad, representantes del Death Metal capitalino, quienes demostraron con una puesta en escena contundente el por qué son una propuesta sólida de este género actualmente. Ya para entonces, la atmósfera en Raven había mutado. Se sentía esa electricidad especial, ese pálpito de quien sabe que está a punto de presenciar un hito (uno de esos que, ojalá, se repitan pronto). La expectativa era total: estábamos ante una colaboración histórica entre dos leyendas vivas de la capital. Ya teníamos pistas de lo que iba a pasar por publicaciones en redes sociales, por el voz a voz que siempre lo encuentra a uno en algún momento, pero presenciarlo realmente fue un momento histórico.

Cuando Ursus tomó el escenario, la energía de Raven estaba en alto, el público asistente logró evocar la mística de los conciertos de antaño, donde la intimidad potenciaba la música misma. Decir algo en pocas palabras sobre Ursus en este caso es algo que excede a este texto, pero es básicamente invocar la fuerza de un pilar fundamental del Speed Thrash Metal colombiano, con una trayectoria que se ha forjado por décadas. Ursus es mucho más que distorsión. Es la representación de la resistencia y la identidad del metal capitalino. Comandados por la voz y el liderazgo de Félix, Marito en el bajo, Richie en la guitarra y respaldados por la ejecución de Diana, en la batería, han logrado que sus canciones se conviertan en pilares de una escena que no olvida sus raíces. Su puesta en escena es un recordatorio constante de que el metal nacional se hace con las vísceras, pero desde el corazón y siempre con una sonrisa, manteniendo una honestidad sonora emblemática que recluta a las nuevas generaciones bajo una misma bandera de hermandad. Su Speed Thrash icónico, crudo y directo, reafirmó por qué son pilares del sonido bogotano. Pero uno de los momentos icónicos de esta noche fue ver a Mario, guitarrista de Cobra, subir al escenario con su guitarra. Con su estilo inconfundible, Mario se unió a Ursus para interpretar “Patria Grande”, arrancando con una intro de guitarra que fusionó su ADN musical con las notas emblemáticas de la canción. Como bien dijo Félix, vocalista de Ursus, antes de empezar la canción: “Son más de 25 años de amistad”. Ver a las bandas unidas, supera las barreras del tiempo. Pero esta demostración de fraternidad no se detuvo ahí.

Cobra es una banda icónica que con su arsenal de Thrash Speed Metal ha detonado en los oídos de la capital desde hace más de dos décadas. Liderados por la visión y el riff insignia de Mario, las líneas inconfundibles de bajo y las letras de Adrián, y con Magus en la batería, la banda se ha consolidado como un punto de resistencia, capaces de descargar ráfagas musicales que son pura adrenalina. Su sonido no solo rinde culto a la velocidad de la vieja escuela, sino que posee esa identidad propia de la urbe, una fuerza que, al subir al escenario, se transforma en energía pura. Cobra desató su arsenal de Thrash Speed con un setlist impecable interpretado con la rigurosidad que los representa y los ha puesto en la historia del metal bogotano. La colaboración destacada en su show fue para Diana, la dama del Metal, y baterista insignia de Ursus: verla imprimir sus fortalezas musicales en la interpretación de “Exceso de Alcohol” fue, sencillamente, una cátedra de cómo debe sonar el metal: con alma, con alegría, sin fronteras.

Al final, lo más relevante no fueron solo los setlists o la ejecución; fue el hito humano. No se trató de dos invitados haciendo una aparición contingente, sino de la fusión de dos mundos que han caminado en paralelo durante años y que unieron fuerzas para recordarnos que la unión debería siempre ser la mayor fortaleza de la escena.

Esta colaboración marca un punto de giro en una escena que, a veces, es fragmentada. Ver a bandas sólidas intercambiando instrumentos y fundiendo sus alineaciones envía un mensaje potente dejando claro que su legado es esa mística de “guerreros del metal” que han sabido mantener la llama encendida, demostrando que su vigencia es tan sólida como todo aquello que profesan.

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