
Durante este mes de Octubre (2026), esta conversación con Margarita Drago llegará en una serie de cuatro entregas, publicadas todos los jueves. Cada episodio corresponde a uno de los grandes bloques temáticos de la entrevista, permitiendo recorrer con calma el universo creativo, espiritual y humano de una de las voces más singulares del arte contemporáneo latinoamericano.
INTRODUCCIÓN
Margarita Drago (Rosario, Argentina) pertenece a esa generación de escritoras cuya voz se templó en el fuego de la resistencia y el dolor del desarraigo. Ex prisionera política bajo el régimen represivo instaurado en la Argentina de mediados de los años setenta, su detención en octubre de 1975 —cuando ejercía como delegada del sindicato docente CTERA— marcó un antes y un después definitivo en su biografía. Tras sobrevivir a un año de absoluto aislamiento en los sótanos de la Jefatura de Policía de Rosario y a varios años de reclusión en la prisión de Villa Devoto, el exilio la condujo finalmente a la ciudad de Nueva York, espacio que transformó en su hogar y trinchera intelectual.
Hoy, como catedrática de Lengua y Literatura Hispanoamericana en York College (CUNY) y cofundadora de la tertulia cultural Palabra-Imagen-Escena en Queens, Margarita Drago utiliza la escritura no solo como una vía de catarsis personal, sino como una ‘responsabilidad histórica’ indispensable para visibilizar las voces silenciadas por el canon patriarcal.
A través de una obra profundamente lírica que transita entre la memoria descarnada y la elevación espiritual —con títulos fundamentales como Fragmentos de la memoria. Mi vida en dos batallas, Con la memoria al ras de la garganta e Hijas de los vuelos—, Drago disputa la última frontera entre la ausencia y la presencia.
El presente cuestionario, estructurado en cuatro bloques temáticos, ha sido diseñado para guiar un diálogo íntimo y riguroso con la autora, explorando las geografías de su infancia, las cicatrices de la prisión, la fuerza del amor clandestino como resistencia y la posterior reconstrucción poética de su existencia.

BLOQUE III: EL AMOR CONTRA EL OLVIDO
Un análisis sobre la dimensión afectiva en condiciones extremas, el amor homosexual clandestino en prisión y la escritura como herramienta para rescatar de la invisibilidad las historias de las mujeres latinoamericanas.
31. La segunda edición de tus memorias incorpora una historia de amor nacida en prisión, una relación condenada incluso por personas que compartían contigo la condición de prisioneras políticas. ¿Qué te enseñó aquella experiencia sobre los límites que incluso las luchas por la libertad pueden imponer sobre la libertad íntima?
Muchas enseñanzas que me llevaron años comprender, por eso demoré tanto tiempo en narrar la historia de amor ‘prohibido’.
Aprendí sobre la libertad. Fíjate que, en medio de tanto horror, barrotes y encierro, en ese espacio, fui libre, sin saber que era libre. Fui libre porque a pesar de la prohibición, a pesar de las reglas opresivas y condenatorias de la sociedad, los carceleros e, incluso, las organizaciones en las que militaba, escogí el amor y lo defendí aun a costa de la separación del partido.
32. ¿Qué fue más difícil de defender: el amor que sentías o el derecho a nombrarlo?
Nombrarlo. Los estigmas y prejuicios que cargan las palabras: homosexualidad (no hablábamos de lesbianismo) amor entre mujeres, relaciones clandestinas… me resultaba difícil nombrar y, por lo tanto, defender.
33. ¿Crees que una causa colectiva puede llegar a reproducir, dentro de sí misma, los mismos mecanismos de vigilancia y juicio que combate afuera?
Claro… al final, la causa colectiva en la que estábamos involucradxs lxs jóvenes de los 70’s, o sea, demás organizaciones de esa época, reproducían el mismo sistema de valores de la sociedad burguesa en la que vivíamos. Es difícil de entender desde la visión y la perspectiva histórica contemporáneas.
Por eso, en las organizaciones se aplicaba la misma vigilancia y juicio de las instituciones de la época: la familia, la sociedad, la escuela, la iglesia, incluidas las ciencias médicas.
34. En varios poemas el amor aparece ligado a la clandestinidad, la ausencia y la memoria. ¿Por qué la memoria parece convertirse en el espacio donde finalmente pueden encontrarse quienes fueron separados?
La memoria es la casa donde habitan todos los seres -los amados y los que ejercen la violencia; también los repudiados- la memoria es el archivo que contiene y custodia los más profundos sentires, incluso los ‘prohibidos’.
35. Escribes: ‘La memoria es el espacio donde te habito y te poseo’. ¿Puede la memoria ser una forma de intimidad?
Como te decía, la memoria es la casa que alberga lo más íntimo, lo que nos acerca a las experiencias más sublimes como también las más horrendas… Yo encontré en la escritura la herramienta, el espacio para hablar de lo más hermoso y bello, como el amor y, también, lo más oscuro y deleznable que habita en mí.
36. En “Que lo sepan todos” imaginas el grito de amor atravesando las paredes de una celda hasta llegar al mundo. ¿Puede el amor convertirse en una forma de resistencia política?
Claro que sí, cuando nos atrevemos a ‘gritarlo’ aunque nos enjuicien y condenen…
37. ¿Qué relación existe entre el deseo de amar y el deseo de ser libre en tu obra?
Ambos tienen la misma intensidad. Por eso en mi poesía el amor y la lucha por la libertad plena del ser se funden…
38. Tus poemas amorosos tienen una sensualidad que convive con el dolor histórico. ¿Necesitaste recuperar una voz íntima para volver a sentir que tu vida te pertenecía por completo?
Sí, y ese acto de recuperación de mi voz íntima me lo facilito la escritura.
Cuando me enfrenté a la página en blanco, decidida a excavar en la memoria, llegar al fondo, pude escribir desde las entrañas, pude nombrar y nombrarme.

39. En ‘Dónde, mi cuerpo’ preguntas: “¿En qué límite de la nada busco mi cuerpo?”.
¿Qué significa para una mujer recuperar su cuerpo después de que otros hayan intentado apropiarse de él?
Recuperar mi cuerpo fue y es recuperarme yo, mujer entera; fue rescatar los fragmentos dispersos violados y ultrajados para integrarlos a mi ser. El amor me permitió devolverles la vida.
40. Hay una tensión constante entre ausencia y presencia: alguien desaparece, pero su voz permanece; un cuerpo muere, pero su memoria continúa. ¿Escribir es para ti una manera de disputar esa última frontera entre presencia y ausencia?
Escribir me permite recuperar las pérdidas, las ausencias, la muerte… En mi escritura vive la casa de infancia, perdida, los seres amados desaparecidos, las historias arrebatadas… lo que cayó en el olvido ya no necesita recuperar presencia en el espacio textual.
41. En ‘Oficio sagrado’ dices que recoges fragmentos y “doy vida a la muerte / y Vida a la vida”. ¿Cómo consigues transformar la pérdida en palabras?
El ejercicio escritural me permite contemplar mis fragmentos dispersos, los que fueron violados, arrebatados, y en ese proceso aparece la palabra, la que los mira descarnadamente y los recupera… la palabra es redentora, les da vida.
Es un proceso que exige mucha valentía, la valentía de animarse a ser libre.
42. ¿Hay personas a quienes has podido despedir gracias a la escritura y otras a las que todavía sigues esperando?
Sí, algunas ya las he despedido, aunque laa busqué con ahínco; pero respeto el que no deseen volver, tendrán razones…
No, ya no espero a nadie… vivo con las personas que me acompañan, las de cerca como las de lejos.
43. ¿Qué diferencia hay entre escribir sobre alguien que amas y escribir sobre alguien cuya ausencia te ha transformado?
En definitiva, ambas situaciones me permiten hablar de mí descarnadamente; me permiten desnudarme y ser fiel a la palabra, la que exprese, en lo posible, la emoción que la vertebra.
44. En tu poesía aparecen madres, hijas, compañeras, desaparecidas y sobrevivientes. ¿Qué has aprendido de las mujeres cuando sus voces aparecen en situaciones límite?
En ellas he encontrado la fuerza y la intensidad del amor, el amor en todas sus manifestaciones. En la cárcel, aprendí de ellas el gran valor de la solidaridad, la empatía con el/la otrx, con el dolor ajeno…
45. Después de tantos años trabajando con memoria, género e historia, ¿hay alguna pregunta sobre las mujeres latinoamericanas que todavía sientas que la literatura no ha sabido formular?
No hay tema acabado ni totalmente resuelto; la literatura, como las ciencias abocadas a los estudios de género o de la memoria histórica, han de observar, debatir y proponer ideas a partir de la experiencia concreta, no solo en teoría, sino en la práctica, en las calles, en comunidad.
La practica colectiva nos permitirá ir abordando temas que aún la literatura no ha logrado formular… en particular, la que atañe a las mujeres latinoamericanas.
Espera la ENTREGA IV el próximo jueves 29 de OCTUBRE de 2026
