Dark Tranquillity en Bogotá: una deuda saldada con el Gothenburg Style

Por Tato García

21 de enero – Bogotá, Colombia

Hay conciertos que no solo se disfrutan, sino que se sienten como una cuenta pendiente finalmente resuelta. El pasado 21 de eneroDark Tranquillity regresó a Bogotá para ofrecer una presentación que fue, para muchos asistentes, la culminación de años de espera y admiración por una de las bandas más influyentes del death metal melódico sueco.

Fotografías Cortesía Tato García

Desde el arranque con “Punish My Heaven”, quedó claro que la noche no daría tregua.
La respuesta del público fue inmediata y visceral, celebrando una apertura que conectó de lleno con la era clásica del grupo. “Edenspring” y “Lethe” reforzaron ese vínculo con el pasado, mientras “The Emptiness From Which I Fed” recordaba por qué Dark Tranquillity siempre ha sabido equilibrar agresión y profundidad emocional.

Fotografías Cortesía Tato García

Fue precisamente en esta sección más clásica del setlist donde se vivieron algunos de los momentos más intensos del concierto. Los coros unánimes y las “cantadas” de riffs fueron claramente más fuertes y sentidas que en el resto del show, generando una comunión casi ritual entre banda y público, como si esas canciones funcionaran como un lenguaje compartido que no necesitaba explicación.

Fotografías Cortesía Tato García

El setlist avanzó con una narrativa bien construida, alternando composiciones históricas con material más reciente. Canciones como “The Dividing Line”“The New Build” y “The Endless Feed” demostraron que la banda no vive de la nostalgia, sino que continúa evolucionando sin perder identidad. En vivo, estos temas adquieren una contundencia particular, sostenida por una ejecución precisa y una conexión constante con la audiencia.

Mikael Stanne se mostró en un estado excepcional, tanto vocal como emocionalmente. Su cercanía con el público colombiano fue evidente a lo largo de la noche. Temas como “My Negation”“Lost to Apathy” y “The Last Imagination” fueron coreados de principio a fin, consolidando una relación de respeto mutuo y entrega total.

La atmósfera se tornó más introspectiva con “ThereIn” y “Unforgivable”, antes de un cierre del set principal demoledor con “Atoma”“Not Nothing” y “Terminus (Where Death Is Most Alive)”, dejando al público exhausto y satisfecho.

El encore fue tan intenso como emotivo. “Phantom Days” y “Misery’s Crown” elevaron nuevamente la tensión antes de un momento profundamente simbólico: “Blinded by Fear”, clásico de At the Gates, fue interpretado como homenaje a Tompa Lindberg. Finalmente, “The Flames of the End”, tema instrumental, sonó como despedida definitiva mientras la banda cerraba el show en un silencio respetuoso.

Video Cortesía Factor Metal

En ese instante final, Mikael Stanne se postró visiblemente conmovido frente al público, un gesto que habló más que cualquier discurso. Y lejos de terminar ahí, el encuentro se prolongó fuera del escenario: los integrantes de Dark Tranquillity se tomaron el tiempo de firmar autógrafos y fotografiarse con los asistentes, sin prisas ni distancias artificiales.

Ese comportamiento remite a un principio cultural profundamente arraigado en Escandinavia: la Ley de Jante (Jantelagen), un código no escrito que promueve la humildad, la igualdad y el respeto hacia los demás. Fue Leo Pinzón, vocalista de la legendaria banda pereirana Twillight Glimmer, quien me habló de este concepto en la entrada del recinto, minutos antes de que ingresáramos al concierto. Pinzón —persona sabia y respetada dentro de la escena, músico íntegro y melómano insaciable— lo definió como una forma de entender el mundo donde nadie es más que nadie, incluso cuando se ha alcanzado el estatus de leyenda.

Ver a Dark Tranquillity en Bogotá fue, para mí, algo más que asistir a un concierto largamente esperado. Fue cerrar un ciclo personal, saldar una deuda conmigo mismo y confirmar que todavía existen bandas cuya grandeza no se mide solo por su legado discográfico, sino por su humanidad. Salí del recinto con una sensación de gratitud plena: por la música, por la experiencia compartida y por la certeza de haber sido testigo de una banda que honra su historia sin colocarse por encima de nadie.

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