“Prefiero que la inconformidad salga de un riff, de un tambor o de una canción.”

¿Cómo nació Alterna y qué necesidad buscaba responder dentro de la escena hardcore de Bogotá
Alterna nació en 2003, cuando regresé de Armenia a Bogotá junto a mi socio y varios amigos con quienes tenía una banda llamada AudioCrika.
Llegamos con dos grandes sueños: construir una empresa alrededor de la música y vivir de nuestro proyecto artístico.
Como muchos músicos de nuestra generación, crecimos influenciados por la televisión y por la idea de que una banda podía abrirse camino simplemente con talento y dedicación.
Con el tiempo entendimos que la realidad de la industria musical era mucho más compleja, pero esa ilusión inicial fue precisamente el motor que nos impulsó a comenzar.
Decidimos crear una sala de ensayo y un estudio de grabación que, además de servirnos a nosotros, pudiera convertirse en un espacio para otras bandas independientes que compartieran esa misma necesidad de crear, aprender y crecer.
Alterna nació de esa búsqueda: salir de una ciudad pequeña, llegar a la capital y construir un lugar donde la música pudiera convertirse en un proyecto de vida.
Esa esencia sigue siendo la misma hasta hoy.

Después de tantos años, ¿qué ha cambiado y qué permanece intacto en el proyecto?
Han cambiado muchísimas cosas, y al mismo tiempo la esencia permanece intacta.
Durante estos más de veinte años han pasado por Alterna cientos de bandas, músicos y géneros diferentes. La tecnología transformó completamente la manera de hacer música.
Cuando comenzamos apenas podíamos grabar con una interfaz de dos canales; luego llegaron sistemas de ocho, dieciséis y más canales, y hoy cualquier persona puede producir música desde su casa con herramientas que antes eran impensables.
También cambió la forma de aprender.
Antes el acceso al conocimiento era limitado; hoy existen plataformas digitales, cursos, tutoriales y una enorme cantidad de recursos que permiten que cualquier músico pueda desarrollar su trabajo con mayor facilidad.
La composición también evolucionó. Hoy muchas bandas escriben utilizando software, colaboran a distancia y producen desde distintos lugares del mundo. Las plataformas digitales transformaron no solo la producción musical, sino también la manera de comunicar, distribuir y consumir la música.
Todo eso obligó a que Alterna evolucionara constantemente.
Sin embargo, hay algo que nunca cambió: seguimos siendo una sala de ensayo, un estudio de grabación y un espacio cultural abierto. Continuamos produciendo música, recibiendo artistas
nacionales e internacionales y acompañando procesos creativos de músicos de distintas generaciones.
La tecnología cambia. La música evoluciona. Pero nuestra razón de existir sigue siendo exactamente la misma: ofrecer un espacio donde la música pueda seguir creciendo.

¿Qué principios han guiado la programación y la convivencia dentro de Alterna?
Creo que las personas evolucionamos con los años. No soy el mismo joven que llegó de Armenia con veintidós años; hoy tengo otra experiencia, otra perspectiva y una comprensión mucho más amplia de lo que significa convivir con quienes piensan distinto.
Uno puede tener convicciones muy firmes sin dejar de reconocer que la sociedad está formada por personas diferentes. En la música eso ocurre todos los días. Cada banda tiene una historia, una sensibilidad y una manera distinta de entender el mundo.
Para mí, el arte debe ser precisamente ese lugar donde esas diferencias puedan convivir.
Alterna siempre ha sido un espacio cultural abierto. Aquí cualquier banda puede venir a crear, ensayar y desarrollar su música. Nunca hemos trabajado desde la censura. Al contrario, creemos profundamente en la libertad artística.
Eso no significa que no tengamos convicciones. Las tenemos, y siempre han estado presentes.
Quien entra a Alterna encuentra fotografías, afiches, discos y elementos que reflejan nuestra forma de entender la cultura, la música y la sociedad.
Pero creemos que esas convicciones deben expresarse desde el ejemplo, no desde la exclusión.
Nuestra apuesta siempre ha sido construir comunidad. Creemos en el trabajo colectivo, en la convivencia y en la posibilidad de que la música sea un punto de encuentro entre personas que piensan diferente.
¿Qué significa para usted sostener un espacio cultural independiente durante más de dos décadas?

Significa una enorme satisfacción, pero también una gran responsabilidad.
Después de más de veinte años uno inevitablemente mira hacia atrás y hace balance del camino recorrido. Piensa en los aciertos, en los errores y en todo lo que se ha construido.
Cuando hago ese ejercicio, me siento profundamente orgulloso.
No podría decir cuántos conciertos hemos realizado, cuántos discos se han grabado aquí o cuántas andas han pasado por Alterna. Han sido miles de músicos, cientos de historias y una cantidad inmensa de momentos que forman parte de la memoria de la música independiente en Colombia.
Hay personas que me han dicho que conocieron aquí a quienes hoy son sus esposas o esposos.
Otros recuerdan un concierto que marcó su vida. Muchos grabaron aquí sus primeras canciones.
Esas historias son las que realmente le dan sentido a estos años de trabajo.
Construir un espacio cultural es mucho más que administrar una sala de ensayo o un estudio de grabación. Es construir comunidad.
La música tiene algo que ninguna tecnología puede reemplazar: la capacidad de reunir personas, despertar emociones y hacernos sentir parte de algo más grande que nosotros mismos.
Mientras exista esa necesidad humana de encontrarnos alrededor de una canción, de un concierto o de una creación artística, espacios como Alterna seguirán teniendo sentido.
Y eso, para mí, es el mayor orgullo de estos veintitrés años.

Sobre la escena hardcore
¿Cómo ha cambiado la cultura hardcore colombiana desde que comenzó hasta hoy?
Mi acercamiento al hardcore fue completamente natural. Antes de llegar a Bogotá ya tenía amigos que viajaban desde la capital hasta Armenia y nos llevaban discos, casetes y toda esa música que en ese momento era muy difícil conseguir. Gracias a ellos conocí bandas y descubrí una escena que me impactó profundamente.
Cuando me trasladé a Bogotá y fundamos Alterna, muchas de las primeras bandas que comenzaron a ensayar aquí pertenecían precisamente a la escena hardcore. No fue una decisión premeditada; simplemente ocurrió de manera orgánica. En ese momento existían muy pocas salas de ensayo en la ciudad y todas las escenas musicales compartían prácticamente los mismos espacios.
Durante estos más de veinte años he visto transformarse el hardcore muchas veces. Han existido etapas con una fuerte carga política, otras más enfocadas en lo social y otras donde predominaba simplemente el deseo de reunirse, tocar y disfrutar de la música.
Lo que nunca ha cambiado es el sentido de comunidad.
Las bandas cambian, las generaciones se renuevan y los músicos toman caminos diferentes, pero el hardcore mantiene una identidad muy particular. Es una escena donde las personas construyen vínculos que muchas veces permanecen durante toda la vida.
Incluso quienes ya no están activos musicalmente siguen conservando esa forma de entender el mundo. El hardcore deja una manera de relacionarse con la música, con la amistad y con la comunidad que trasciende los conciertos.
Por eso siempre he pensado que el hardcore no es únicamente un género musical; también es una forma de vivir y de construir relaciones humanas.
¿Qué tensiones políticas o culturales han atravesado históricamente la escena?
Como toda comunidad, la escena hardcore también ha atravesado momentos muy difíciles. Durante algunos años existieron confrontaciones entre distintas corrientes ideológicas y culturales. Hubo épocas marcadas por la intolerancia, en las que las diferencias terminaban convirtiéndose en violencia dentro o fuera de los conciertos.
Desafortunadamente vivimos episodios muy dolorosos. Recuerdo especialmente el asesinato de Julián Prieto, guitarrista de Pitbull, una persona a quien conocí y aprecié profundamente.
También hubo otros hechos graves, como las agresiones que dejaron músicos seriamente heridos.
Fueron momentos que marcaron a toda una generación.
Con el paso del tiempo la escena fue madurando.
Cada corriente encontró sus propios espacios, aparecieron nuevos subgéneros y la convivencia comenzó a fortalecerse. Hoy existe una comunidad mucho más diversa y consciente de la importancia del respeto entre las diferencias.
También la tecnología ha transformado profundamente la manera en que las personas se relacionan.
Hoy existe un acceso enorme a la información, lo que permite comprender mejor muchos debates políticos y sociales que antes eran mucho menos visibles.
Al mismo tiempo, esa misma cantidad de información también puede generar polarización, desinformación y confrontaciones innecesarias.
Sin embargo, creo que la escena ha evolucionado positivamente. Hoy no solo hablamos de música; también hablamos de diseño, ilustración, producción audiovisual, gastronomía, emprendimientos independientes y muchas otras expresiones culturales que enriquecen el movimiento.
El hardcore ha dejado de ser únicamente un género musical para convertirse en un ecosistema cultural mucho más amplio.
¿Qué papel cree que cumplen hoy las salas independientes en la construcción de comunidad?
Las salas de ensayo, los estudios de grabación y los pequeños escenarios siguen siendo el corazón de la música independiente. Son los lugares donde nacen las bandas, donde se escriben las primeras canciones y donde los músicos empiezan a construir su identidad artística.
Muchas veces se habla del “underground” como si fuera un espacio marginal, pero yo no lo veo así.
Lo entiendo como el lugar donde surgen las propuestas que mantienen viva la diversidad cultural.
Las bandas independientes son las que tienen un contacto más cercano con su público.
Son proyectos que cualquiera puede conocer asistiendo a un concierto local, entrando a una sala de ensayo o escuchando un disco producido con mucho esfuerzo.
Nuestro trabajo consiste precisamente en facilitar ese proceso.
No solo ofrecemos un lugar para ensayar o grabar; también acompañamos procesos, organizamos conciertos, conectamos músicos y ayudamos a fortalecer una comunidad que se sostiene gracias al trabajo colectivo.
A lo largo de estos años he conocido músicos que desarrollan profesiones completamente distintas durante el día y, aun así, dedican gran parte de su vida a crear canciones.
Eso demuestra que la música independiente no depende únicamente del éxito comercial; depende del compromiso, de la pasión y del deseo de seguir creando.
Por eso considero que espacios como Alterna siguen siendo fundamentales.
Somos una puerta de entrada para quienes comienzan, un punto de encuentro para quienes llevan años haciendo música y un lugar donde distintas generaciones pueden encontrarse alrededor de una misma pasión.
Mientras existan personas con ganas de crear, compartir y construir comunidad a través de la música, las salas independientes seguirán siendo indispensables.
La música como herramienta de construcción social.
“El hardcore no es solamente un género musical; es una comunidad, una escuela de vida y una forma de construir personas.”
“En un concierto hay personas completamente distintas entre sí. Piensan diferente, votan diferente, viven diferente. Pero durante una hora cantan la misma canción, se abrazan en el mismo coro y comparten la misma emoción. Eso demuestra que el arte logra lo que muchas veces la política no puede.”

Sobre el espacio cultural
“Durante veintitrés años Alterna ha recibido miles de músicos de todas las corrientes musicales.
Nuestro trabajo nunca ha consistido en seleccionar personas por su ideología, sino en ofrecer un espacio para la creación artística. Esa apertura nunca ha significado compartir o respaldar las posiciones personales de quienes utilizan el espacio.”
Hay otra cosa que quiero fortalecer
“Siempre he creído que el arte es la forma más poderosa de transformar una sociedad.
Prefiero que una inconformidad se convierta en una canción antes que en un acto de odio; que una protesta nazca de un riff de guitarra, de un tambor, de una letra o de un escenario. La música ha demostrado durante décadas que puede cuestionar, denunciar y transformar sin perder su humanidad.”

